
Ya vimos en el post sobre los problemas del sudor, lo recomendable que es la utilización de un antitranspirante. A simple vista resulta fácil la confusión entre desodorante y antitranspirante, ya que en un principio parece que tienen muchas similitudes, pero nada más lejos de la realidad.
La función principal de un antitranspirante es taponar los poros, evitando así una sudoración excesiva, por lo que no es recomendable echárselo por todo el cuerpo, ya que nuestro organismo necesita expulsar el sudor por alguna parte. Por el otro lado, el desodorante tan solo perfuma sin taponar los poros de la piel, por lo que podemos utilizarlo por más zonas del cuerpo aparte de las axilas.
En los antitranspirantes la composición principal es el clorhidrato de aluminio (sales de aluminio), un astringente que reduce la producción de sudor en la zona aplicada.
Existen varios bulos por la red, afirmando que los antitranspirante que contienen clorhidrato de aluminio son perjudiciales para la salud, incluso que algunos pueden llegar a provocar alzheimer o cáncer de mama, pero estudios recientes han confirmado que no existen ninguna relación al respecto. Habrá que creerlos.
Lo que sí está demostrado es que para pieles sensibles no es bueno abusar de los antitranspirantes, si es tu caso no lo utilices más de 3 o 4 días a la semana.
Para hacernos mejor una idea os dejo con las principales diferencias entre desodorantes y antitranspirantes: