Hace ya algunos meses, una amiga me regaló dos glosses de la línea Watershine Elixir de Maybelline. Un regalo que, a priori, me encantó porque me encantan los glosses , porque además iba a tener la oportunidad de probar un nuevo producto y también porque Isabel nos había hablado bien de él.
La primera reacción al verlos fue que me encantó el packaging, metalizado, y también me llamó muchísimo la atención la forma de aplicar el producto. Giras la parte inferior del gloss, como si fuera un bolígrafo y a través de los orificios sale el gloss, que se aplica después como una barra de labios.
Así que lo probé enseguida. Al principio, la forma de aplicación no me gustó mucho, me daba la sensación que el producto se aplastaba demasiado sobre los labios. Eché de menos la típica esponjilla o los pinceles de los glosses de Clinique. Pensé que con más práctica me terminaría gustando, pero no.
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