
En verano hablamos a menudo de las durezas y los callos de nuestros pies. También los de la vecina cuando los deja a la vista calzando sandalias aunque esos no nos duelen: mejor no ocupamos de los nuestros. Más allá de la estética de nuestros pies, las durícias y los callos duelen.
¿Porqué nos salen, malditos sean? Los rebajamos, los cortamos, los limamos … y vuelven a salir tarde o temprano. Es un fastidio porque con el calzado de invierno son más difíciles de soportar. Sabemos cómo desacernos de ellos pero no siempre es fácil detectar la razón de que vuelvan a adornar nuestros pies.
Una de ellas la descubrimos cada vez que nos calzamos de nuevo el zapato o bota que nos lo provoca. Sea una dureza o un callo, lo notamos y nos duele solamente andando con ese calzado. Yo misma tengo unas botas altas las cuales me han provocado una gran dureza en la planta del pie, allí donde va a parar el peso del cuerpo cuando te pones de puntillas.





