
En verano hablamos a menudo de las durezas y los callos de nuestros pies. También los de la vecina cuando los deja a la vista calzando sandalias aunque esos no nos duelen: mejor no ocupamos de los nuestros. Más allá de la estética de nuestros pies, las durícias y los callos duelen.
¿Porqué nos salen, malditos sean? Los rebajamos, los cortamos, los limamos … y vuelven a salir tarde o temprano. Es un fastidio porque con el calzado de invierno son más difíciles de soportar. Sabemos cómo desacernos de ellos pero no siempre es fácil detectar la razón de que vuelvan a adornar nuestros pies.
Una de ellas la descubrimos cada vez que nos calzamos de nuevo el zapato o bota que nos lo provoca. Sea una dureza o un callo, lo notamos y nos duele solamente andando con ese calzado. Yo misma tengo unas botas altas las cuales me han provocado una gran dureza en la planta del pie, allí donde va a parar el peso del cuerpo cuando te pones de puntillas.



Mujeres del mundo ya no hay excusa que valga, si hay una práctica que debemos realizar diaria o varias veces por semana es sin duda caminar. Pero caminar, caminar, nada de ver escaparates entre paseo y paseo o pararse cada dos por tres. Hay que tomárselo en serio para sacarle los máximos beneficios posibles y hacer de ello una cosa habitual en nuestra vida. Caminante noy hay camino, se hace camino al andar (consejo muy arrebatador).
Ya estamos acabando el primer mes del año, pero seguro que hace pocas semanas muchas de nosotras se propuso hacer en este año cambios saludables en nuestra vida cotidiana y en concreto en todo lo que tenga que ver con el ejercicio y la dieta. Este especial va dedicado a todas la personas que se lo han propuesto y a las que todavía están a tiempo de hacerlo.
Buscamos una dieta saludable baja en calorias que consiga que perdamos algún kilo, la iniciamos con ilusión y todos los días la seguimos a rajatabla. Las primeras semanas conseguimos bajar de peso pero a medida que van pasando los meses nos estancamos y no conseguimos el objetivo que nos habíamos propuesto, ¿por qué la dieta ya no nos funciona?.
En casa, restaurantes o chiringuitos podemos alargar el rato de después de comer eternamente, si encima estamos con personas que hace tiempo que no vemos y no paramos de hablar el tiempo correrá sin darnos cuenta, pero una sobremesa larga puede echar por tierra nuestra dieta.



